Considerada la etapa incomprensible de nuestra existencia.
El comienzo de la madurez, en el que se nos es exigido dejar de comportarnos
como niños. Pero, ¿para qué?, al fin y al cabo los adultos son solo niños
crecidos.
No hay una fecha previa, ni un ultimátum. Cada uno comienza
y termina esta carrera a su debido tiempo. Nos volvemos personas caracterizadas
por una producción hormonal descontrolada. Sufrimos cambios físicos que nos
hacen sentirnos inseguros, incapaces e incompletos. Pero esto es tan solo un
cascarón de los bellos cambios que se están dando por dentro.
Algunos nos enamoramos, conocemos ese increíble mundo de la
mentira. En el que un profundo “te quiero” tan solo es un basto “quiero
utilizarte”. Todo esto nos lleva a pensar, a discurrir y reflexionar. En mi
opinión los adolescentes somos las personas con mayor capacidad de profundizar,
todo esto porque parece que estamos hechos para que nos hagan daño.
Pero mirando el lado bueno podríamos decir que es la etapa
más hermosa de la carrera de la vida. En la que formamos nuestra cabeza,
creamos conceptos; nos caemos y nos ponemos de pie; nos dan por todos lados y
caemos en pozo sin fondo; descubrimos el amor con sus verdades y mentiras… Pero
todo esto nos lleva a volvernos soldados fuertes de este mundo lleno de
debilidad e hipocresía.
Muchos se arrepienten de la adolescencia que tuvieron, unos
creen que fue insuficiente, otros piensan que fue demasiado dolorosa y para
otros simplemente no fue de su agrado.
Por eso creo que debemos aprovechar, vivir y amar. Luchar
por lo que queremos. Es el momento de formarnos y pensar quién queremos ser. No somos niños, ni somos adultos. No hay una definición a propósito. Probablemente
seamos tan solo unos incomprendidos, ¡pero seamos incomprendidos que comprendemos!
Firmado, Dile.