Un beso, cada mañana. Una discusión, cada semana.
Y sí, probablemente lleves razón, pero yo soy y seguiré siendo la misma cabezota de siempre. Es inevitable, no puede cambiar.
Aún así me quieres, y me seguirás queriendo. Por la cuenta que te trae.
Me siento culpable. Por cada una de las veces en que no te digo que te quiero. Y sé que un día me arrepentiré de no habértelo repetido tanto como debiera. Pero se me hace más difícil de lo que imaginas.
Yo soy nueva en esto, tú en cambio...qué te voy a contar yo que tu no sepas. Sin embargo yo sigo en mi línea, como sueles decirme. No te pido consejo, por miedo a represalias. Y es que ¡te debo tanto!
Y mira que es extraño cómo dos personas habiendo pasado la vida juntas, una conozca mil veces mejor a la otra que ésta a sí misma.
(Acabo de montar un lío que no me entiendo ni yo) Pero tú siempre; por mucho que me grites que no me comprendes.
Tu obsesión por mantener la habitación ordenada. Todo limpio, impecable. Esa obsesión tuya por que cada día vaya mejorando. Mis progresos te hacen feliz. Tu obsesión por que sea ejemplo. Volcada en mi educación. Eres toda obsesión, y soy muy afortunada, eres MI obsesión. Y eso no me lo quita nadie. Intento comprenderte, pero fracaso en el camino. Me consuela saber que seguramente te entienda cuando consiga alcanzarte, si es que llega a ser posible, si es que un día lo consigo.
Y es que ¡te debo tanto! Cuantas fiebres superadas, cuantas noches sin dormir, cuantas heriditas ya curadas, siempre sabiendo que sigues ahí. Viviendo por y para mí.
Es mi turno, me toca a mí.
MAMÁ, VIVO POR TI.
Firmado, Ve.
No hay comentarios:
Publicar un comentario