Seamos sinceros por una vez, ¿quién no ha mentido nunca?
Nos quejamos de políticos, líderes religiosos, reporteros, personas cercanas... que usan la mentira como primera vía de escape de la realidad.
Y es cierto. Con solo mentirnos a nosotros mismos ya todo pierde su esencia.
Nada es lo que es.
Las mentiras son como granadas. Destruyen todo lo que pillan.
Tienen capacidad para todo y un poquito más.
Separan a los países y a sus gentes,
rompen amistades y relaciones,
nos alejan de nuestro hogar,
nos hacen ver la otra cara de quien nos hizo daño.
Y es que las mentiras son como bolas de nieve, que van creciendo hasta que son lo suficientemente grandes como para ser descubiertas fácilmente.
Pero la verdad es que si no hubiese verdad, no habría mentiras.
Y... ¿tan horrible es la verdad que tenemos que inventárnosla?
Firmado, Dile.
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