jueves, 18 de agosto de 2016

Roto, no perdido

Todo lo que se rompe se puede arreglar.
Obviamente, no de la manera perfecta en que nos gustaría. Tan fácil no es.

Siempre nos pasa. Nos damos por vencidos en cuanto vemos que algo nos viene muy grande. En seguida nos vienen los "no puedo con ello", "es demasiado" o "ya estoy cansado", y a lo mejor ni si quiera hemos empezado.

Cualquier cosa rota: una amistad, una taza, hasta un mísero borrador, puede arreglarse. O, al menos, no dejarse descompuesto en piezas. No tirarlo a la basura.
La amistad no tiene porqué volver al estado en el que estaba antes. Pero tampoco dejarla hecha añicos.
La taza se puede pegar. Aunque no quede perfecta y se noten las grietas. Puedes darle otros usos.
Y el borrador. ¿Quién no ha partido uno por la mitad y ha seguido usándolo?

Nunca tires algo roto sin antes haber buscado su solución.
Porque quién sabe que te puede traer el arreglarlo. Sea lo que sea.
Arréglalo.

Firmado, Corre.

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